Ayer 22 de febrero se presento Bjork en el Budokan de Tokyo. Como no habia ido a un buen concierto desde que vivo en Japón decidi que valdría la pena la jornada.

El Budokan es un estadio, no muy grande, digamos equivalente al poliedro de Caracas, eso si, como todo en Japón la logística estaba minuciosamente organizada, sillas, secciones y puestos fijos, con pasillos determinados con colores. No habia nada como una olla colectiva.

El sonido fue increible, casi comparable aunque no superior a la cuadrofonía que ofrecio Pink Floyd (Roger Waters) en el Valle de Guarenas – Guatire en el pop festival 2002.

Bjork es una dulzura de artista, su voz es increible y se puso un vestido que parecia una piña blanca. El concierto fue una mezcla de emociones donde a veces te sentías que estabas en una opera y otras en una fiesta rave. 

Bjork canta de verdad.

Otra cosa que me sorprendio, y con el perdon de los conocedores de música, es que desde que conozco y sigo la carrera de Bjork, hace 12 años siempre pense que las notas graves de sus canciones venian de los sintetizadores o teclados, cuando la verdad es que su banda se compone de una sección de viento metal con 7 personas, de las cuales pude identificar dos trombones, una Tuba y no se cuantas trompetas.

El concierto comenzó con uno de los temas de su nuevo disco Volta, Earth Intruders, luego Hunter, All is full of love y despues me hipotizo con la bateria a contratiempos asi que perdi la cuenta…El concieto termino con una explosión de energía con la canción, dedicada a Kosovo : Declare independence.
    

    

    

    

Au revoir

JAP